Ningún creyente puede permitir que ninguna circunstancia en su vida lo defina. No nos podemos quedar demasiado tiempo en la escena de una victoria ni debemos flaquear en la devastación de una derrota. Permanecer demasiado tiempo en una victoria puede hacer que el creyente se quede estancado y no avance. Fue el apóstol Pedro quien quería “construir tres enramadas”(Lucas 9:33), en el monte de la transfiguración y quedarse. Pero no era la voluntad de Dios de que ellos experimentaran acampar en la cima de la montaña. Dios deseaba enseñarles de esa experiencia sobrenatural y que luego avanzaran. También es muy importante no sentirse abrumado por un fracaso. La oportunidad de ser limpiado por la sangre de Jesús y restaurado por el poder de Dios es un beneficio magnífico que cada creyente puede experimentar.
No debemos ver como impuro todo lo que Dios ha limpiado. Esta verdad debe aplicarse primero a nosotros mismos y luego a nuestra evaluación de otros cristianos. No debemos atarnos a la memoria hiriente de los fracasos de nuestro pasado ni debemos limitarnos a las victorias detrás de nosotros. Debemos siempre presionar hacia adelante para reclamar cada beneficio de nuestra salvación. ¡Avancen!
“No, amados hermanos, no lo he logrado, pero me concentro únicamente en esto: olvido el pasado y fijo la mirada en lo que tengo por delante, y así avanzo hasta llegar al final de la carrera para recibir el premio celestial al cual Dios nos llama por medio de Cristo Jesús.”
Filipenses 3:13-14 ntv
Loren Larson, Centro Familiar de Adoración, 18/11/25
Tiempo Devocional – @cfabarranquilla


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