La práctica de la oración diaria es a menudo un ejercicio de paciencia. Al igual que el agricultor que siembra una semilla y espera una gran cosecha meses después, la oración podría verse como la siembra de deseos que madurarán en una cosecha en el futuro. El hecho de que no veamos una respuesta instantánea, una respuesta rápida o una respuesta de fracción de segundo a nuestra petición, no significa que Dios no haya puesto las cosas en movimiento para responder a nuestra oración. Debemos creer que si pedimos algo de acuerdo con Su voluntad, Dios supervisará nuestra solicitud hasta que llegue el momento de presentar Su respuesta a nuestra petición. Nunca debemos cansarnos cuando la demora parece estar a la orden del día. Debemos seguir creyendo incluso cuando nuestros corazones se rompen. Incluso cuando la incredulidad, como un enemigo indeseado, sigue martillando la puerta de nuestro corazón. Debemos seguir llamando. Debemos seguir tocando. ¡Debemos seguir buscando! ¡Debemos perseverar en la paciencia de la oración!
Nos ayudará a recordar que tenemos la garantía, por la autoridad de la Santa Palabra de Dios, que Él siempre responderá a Su manera y en Su tiempo.
¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles?
Lucas 18:7
Loren Larson, Centro Familiar de Adoración, 28/11/25
Tiempo Devocional – @cfabarranquilla


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