“No se preocupen por nada; en cambio, oren por todo. Díganle a Dios lo que necesitan y denle gracias por todo lo que él ha hecho. Así experimentarán la paz de Dios, que supera todo lo que podemos entender. La paz de Dios cuidará su corazón y su mente mientras vivan en Cristo Jesús.”
Filipenses 4:6-7
La angustia es una presión interna que afligue el alma. Es inquietud constante, temor al mañana, sensación de pérdida de control. Puede manifestarse como ansiedad, insomnio, pensamientos repetitivos o temor paralizante.
Por la palabra de Dios debemos entender que la angustia tiene raíz en la naturaleza del hombre caído. El pecado produjo separación, y la separación produjo temor. Desde Génesis 3, el hombre teme porque está desconectado de su fuente y Cristo vino a resolver ese problema. Colosenses declara que Cristo anuló el acta de los decretos que nos era contraria. La Cruz eliminó la base legal del temor.
Filipenses 4 no es una fórmula psicológica. “No se afanen…” no es una orden basada en disciplina mental, sino una invitación a depender de la gracia. La paz que “sobrepasa todo entendimiento” es fruto del Espíritu. Y el Espíritu obra exclusivamente dentro del marco de la Cruz.
Si la fe está en métodos humanos, la paz será momentánea.
Si la fe está en la obra terminada, la paz es resultado de la gracia operando internamente.
La angustia pierde poder cuando entendemos que la victoria ya fue consumada.
La paz gobierna cuando la fe permanece en el Calvario.
Oremos:
“Padre bondadoso. Confio en Cristo y mi justicia está en Su sangre. Ahora se que mi paz fue comprada en la Cruz. Mi victoria ya fue asegurada.”
Centro Familiar de Adoración
18/02/26
Tiempo Devocional


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