“Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó.”
(Juan 8:56)
En esta declaración, Jesucristo revela una verdad profunda: Abraham tuvo una revelación profética acerca del día de Cristo. No fue una comprensión completa como la que hoy tenemos por el evangelio, pero sí una visión espiritual anticipada del plan redentor de Dios.
Cuando Abraham subió al monte Moriah para ofrecer a Isaac, estaba viviendo una experiencia que iba mucho más allá de una simple prueba de obediencia. Dios estaba revelando, en figura, el sacrificio de Su propio Hijo en la Cruz.
Así como Isaac llevó la madera sobre sus hombros, Cristo llevó la cruz camino al Calvario. Así como Abraham estuvo dispuesto a entregar a su hijo, Dios entregó a Su Hijo por la humanidad.
Por eso Jesús afirma que Abraham “vio” Su día. En aquel monte, Abraham estaba contemplando en figura la obra futura de la redención.
En el momento culminante del sacrificio, Dios provee un carnero para sustituir a Isaac. Ese carnero representaba al Cordero que vendría: Jesucristo. Aquí aparece el principio central del evangelio: la sustitución. Cristo murió en lugar del pecador.
El inocente tomó el lugar del culpable para que el culpable pudiera recibir vida y reconciliación con Dios. Esto es exactamente lo que ocurrió en la Cruz.
El apóstol Pablo explica que el evangelio fue anunciado de antemano a Abraham, cuando Dios le dijo: “En ti serán benditas todas las naciones.” Esa bendición se cumple plenamente en Cristo y en Su sacrificio.
Jesús dijo que Abraham se gozó al ver Su día. ¿Por qué? Porque la revelación de la cruz siempre produce gozo. La Cruz no es un símbolo de derrota, sino la mayor victoria de la historia. En ella Dios derrotó el poder del pecado y abrió el camino para que el hombre fuera reconciliado con Él.
Abraham vio el día de Cristo en figura y se gozó. Hoy nosotros no lo vemos solo en figura, sino en la revelación completa del evangelio. Sabemos que el Cordero fue ofrecido, que el sacrificio fue consumado y que la redención fue realizada en la Cruz. Por eso nuestra fe descansa plenamente en la obra perfecta de Jesucristo.
Oremos:
“Padre de toda bondad. Cada día me llevas a confiar en Tu provisión eterna. Gracias por que hoy tengo la confianza en Cristo. Estoy completo, estoy lleno de gozo. Mis ojos han visto al Rey. Amén.”
Centro Familiar de Adoración
06/03/26
Tiempo Devocional


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