“Aconteció que cuando Isaac envejeció, y sus ojos se oscurecieron quedando sin vista, llamó a Esaú su hijo mayor, y le dijo: Hijo mío. Y él respondió: Heme aquí.”
(Génesis 27:1)
La escena comienza con un detalle importante: Isaac estaba ciego. Pero esta ceguera no era solo física… también refleja una realidad espiritual. Isaac, aun siendo hombre de Dios, estaba a punto de tomar una decisión basada en lo natural y no en el propósito divino. En la cultura bíblica, la bendición del padre no era solo palabras. Era una transferencia espiritual de herencia y destino.
Isaac amaba a Esaú (Gén 25:28). El cazador, el fuerte, era el primogénito. Todo en Esaú parecía correcto desde lo natural.
Pero Dios ya había dicho algo diferente: “El mayor servirá al menor.” Génesis 25:2. Isaac anciano y ciego estaba por bendecir según su parecer y emociones, pero Dios ya había establecido Su propósito y lo que estaba en juego era lo eterno y todo apuntaba a Cristo.
La ceguera espiritual ocurre cuando nos guiamos por sentimientos, preferimos lo visible e ignoramos lo que Dios ha dicho.
Aunque Isaac estaba a punto de bendecir a Esaú, Dios ya había determinado que la promesa sería para Jacob. Y el plan de Dios no cambió. “Irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.” Romanos 11:29
Esaú representa lo natural, la carne. Jacob representa la gracia, lo escogido por Dios. Desde lo humano, Esaú parecía la mejor opción. Pero el plan de Dios no sigue la lógica humana. La mayor ceguera no es física, es espiritual.
Cuando el hombre no discierne el plan de Dios, termina tomando decisiones basadas en lo natural. Pero en la Cruz: se revela el plan de Dios, se alinea nuestra visión, se establece la verdad.
La ceguera espiritual lleva al hombre a elegir según la carne, pero el propósito de Dios se cumple por gracia y es revelado plenamente en la obra de Cristo.
¿Estoy viendo con los ojos de la carne o con los ojos de la fe? ¿Me guían mis emociones? ¿Me guía lo visible? ¿O me guía la palabra de Dios?
Oremos:
Padre amado, te alabo y te adoro. Agradecido por este día que se levanta. Hoy respiro nuevas misericordias. Abre mis ojos espirituales, dame una visión mayor en el nombre de Jesús, amén.”
Centro Familiar de Adoración
25/03/26
Tiempo Devocional


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