“Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti.”
Génesis 28:22
Estamos conectando el corazón del hombre con la gracia de Dios en esta serie de devocionales.
Hemos escuchado muchas veces la frase: “Dios no necesita mi dinero.” Y es cierto. Dios no es hombre para depender de recursos humanos. Él es el dueño del oro y de la plata, el Creador de todo lo visible y lo invisible.
Sin embargo, cuando miramos la vida de hombres como Jacob, entendemos algo más profundo: Dios no busca nuestro dinero, busca nuestro corazón. Tremenda verdad esta: Al revelar a Cristo tipificada en la piedra Jacob obtuvo descanso y soño con la escalera quién es Cristo. Levanta la piedra, la exalta, derrama aceite y concluye… “Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios”. Luego nace el dar. Antes del dar, la revelación esta presente.
Jacob no hizo un voto movido por obligación o manipulación, ni por un sistema religioso. Lo hizo en un momento de encuentro con Dios, en Betel, cuando estaba solo, quebrantado, y consciente de que todo lo que tenía y llegaría a tener vendría de la mano del Señor.
El diezmo que Jacob promete no es una transacción, es una respuesta al amor y cuidado del Señor. Es el fruto de un hombre que ha visto la gracia de Dios en medio de su proceso. Un hombre imperfecto, sí, pero tocado por la fidelidad divina.
Hoy en día, muchos reducen el dar a un tema financiero, pero en el Reino de Dios el dar siempre ha sido un asunto espiritual. No se trata de cuánto das, sino de qué lugar ocupa Dios en el corazón.
Cuando alguien dice: “Dios no necesita mi dinero”, puede ser verdad en lo natural, pero en lo espiritual revela una lucha más profunda: ¿Realmente reconocemos a Dios como nuestra fuente de toda gracia y bondad?
Jacob entendió algo que muchos estamos aprendiendo: Cuando Dios es tu fuente, dar no es pérdida, es adoración.
El diezmo, en su esencia, no es para suplir a Dios, sino para alinearnos con Él. Es una declaración de dependencia, de honra, y de fe. Es decir: “Señor, todo viene de Ti y yo reconozco que Tú eres primero en mi vida.”
Hoy, más que hablar de porcentajes, Dios nos llama a examinar el corazón. Porque hay quienes dan sin fe, y hay quienes, como Jacob, dan como respuesta a un encuentro real con Dios.
Oremos:
“Padre de toda bondad. Al igual que Jacob entrego mi vida, lo que soy y lo que tengo. Todo proviene de ti y todo vuelve a ti. Bendice a tu pueblo Señor Jesús, Amén.”
Centro Familiar de Adoración
07/04/26
Tiempo Devocional


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