“Y sucedió que por la mañana, he aquí que era Lea; y Jacob dijo a Labán: ¿Qué es esto que me has hecho? ¿No te he servido por Raquel? ¿Por qué, pues, me has engañado?”
Génesis 29:25
Jacob, el que un día engañó a su padre, ahora despierta siendo engañado.
El hombre que usó astucia para obtener la bendición, ahora enfrenta el resultado de ese mismo principio operando en su vida. Esto nos revela que todo engaño tiene un precio.
Jacob ya había tenido un encuentro con Dios en Betel. Había hecho un voto. Había reconocido a Dios como su fuente. Pero aún había áreas en su carácter que necesitaban ser transformadas.
Y Dios, en Su amor, permite un proceso donde Jacob no solo recuerde lo que hizo, sino que ahora lo experimente. No como castigo destructivo, sino como una formación de carácter.
Jacob había engañado a Isaac en la oscuridad de una tienda. Ahora, en la oscuridad de la noche, es engañado por Labán. Lo que sembró, ahora lo está cosechando. Esto no es casualidad, es un principio espiritual: “Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.” (Gálatas 6:7)
Lo que Jacob quiso obtener rápidamente, ahora le cuesta más tiempo: Trabajó siete años y no recibió lo esperado. Tuvo que trabajar siete años más. Su proceso se alargó. El engaño nunca acelera el propósito de Dios.
Aun en medio del engaño, Dios no abandonó a Jacob. Sigue con él, sigue formándolo, sigue guiándolo. Esto es esperanza para nosotros: Aunque hayamos fallado, aunque hayamos tomado atajos, no dudes que Dios cumplirá Su propósito y trabajara en nuestro carácter.
Dios no busca perfección inmediata, pero sí corazones rendidos donde Cristo sea la fuente y la cruz el medio, donde fluyen todas las bendiciones.
Oremos:
“Padre de toda bondad. Perdona mi arrogancia, mi orgullo, la manera en que he vivido. Ruego por un destello de tu gracia sobre mi en este día, Amén.”
Centro Familiar de Adoración
09/04/26
Tiempo Devocional


Deja un comentario