LO QUE MARCÓ LA DIFERENCIA

“Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros…” Éxodo 12:13

El momento ha llegado. Después del llamado de Moisés, de confrontar a Faraón y de las plagas, Dios establece algo definitivo: la Pascua.

No es una plaga más. No es un juicio cualquiera. Es una línea divisoria entre la vida y la muerte. Dios iba a pasar por Egipto, y habría juicio. Pero había una provisión: un cordero debía morir.

La instrucción era: tomar un cordero sin defecto, sacrificarlo y aplicar su sangre en los dinteles de la puerta. Y Dios dijo algo poderoso: “Cuando vea la sangre… pasaré de vosotros.”

Dios no dijo: “Cuando vea tu comportamiento…” “Cuando vea tu esfuerzo…” “Cuando vea tu justicia…” Dijo: “Cuando vea la sangre.”

La protección no estaba en quiénes eran; estaba en lo que había sido aplicado.

La Pascua no es solo historia; es profecía. Ese cordero apunta directamente a Jesucristo: sin defecto, inocente, sacrificado, con su sangre aplicada, rociada.

En la Cruz, Jesús se convirtió en nuestro Cordero. No fue un símbolo; fue el cumplimiento.

Así como en Egipto la sangre detuvo el juicio, en la Cruz la sangre de Cristo satisface la justicia de Dios. No bastaba con que el cordero muriera. La sangre tenía que ser aplicada, rociada.

Podía haber un cordero muerto, pero si la sangre no estaba en la puerta, el juicio entraba igual. Hoy muchos saben de Cristo, pero no han aplicado la sangre por medio de la fe.

La salvación no es solo conocimiento; es experimentar el perdón en la sangre de Cristo. Dios no pidió perfección dentro de la casa. Pidió algo afuera: la sangre en la puerta.

Dentro podía haber temor, debilidad, incluso dudas; pero si la sangre estaba aplicada, estaban seguros. Tu seguridad no está en tu capacidad o perfección; está en la obra perfecta y terminada de Cristo.

Oremos:”

“Padre de toda bondad, gracias por amarme primero. Por darme la provisión del Cordero y hoy gozar de todos sus beneficios. Rindo mi vida; deseo más y más del Cordero de Dios. Tu presencia y protección me acompañan todos los días de mi vida. En Cristo Jesús, amén.”

Centro Familiar de Adoración

04/05/26

Tiempo Devocional


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