NO FUE UN PLAN B

“Porque la vida del cuerpo está en la sangre. Les he dado la sangre sobre el altar con el fin de purificarlos, para hacerlos justos ante el Señor. Es la sangre, dada a cambio de una vida, la que hace posible la purificación.” Levítico 17:11 (ntv)

Después del tabernáculo viene el sistema de sacrificios. Dios establece sacerdotes, ofrendas y derramamiento de sangre. Esto no era un ritual vacío; era una enseñanza continua.

Cada día había sacrificios. Cada año había expiación. Cada ofrenda recordaba algo: el pecado tiene consecuencias reales.

Dios declara que la vida está en la sangre. Por eso la expiación requería sangre.

Esto revela una tremenda verdad: el pecado no se resuelve con intención; se resuelve con sustitución. Un animal inocente moría en lugar del pecador. Eso apuntaba directamente a Cristo, quien fue en nuestro lugar.

El sistema era repetitivo porque era provisional. Nunca podía quitar el pecado completamente. Pero Jesús sí. La Biblia declara: “Con su propia sangre, no con la sangre de cabras ni de becerros, entró en el Lugar Santísimo una sola vez y para siempre, y aseguró nuestra redención eterna.” Hebreos 9:12.

Aquí está la diferencia: los sacrificios del Antiguo Pacto eran temporales. La Cruz es eterna.

El pueblo no entraba directamente; necesitaba un sacerdote. Eso muestra la necesidad de mediación. Jesús es nuestro Sumo Sacerdote. Él no solo ofrece la sangre; Él mismo es la ofrenda.

La Cruz une en una sola obra el sacrificio y el sacerdote.

El sistema de sacrificios nos enseña: el pecado es serio, la santidad de Dios es real y la gracia tiene un precio: la sangre de Jesucristo. Pero también nos enseña que Dios siempre tuvo un plan redentor. Cada altar del Antiguo Testamento señalaba al Calvario. La Cruz no fue un plan B; fue el cumplimiento eterno del propósito de Dios.

Oremos:

“Padre de toda bondad, hoy vamos camino al cielo gracias a esa eterna redención por la Cruz. Gracias por amarnos primero y enviar al sustituto perfecto, al Cordero inmolado a morir en mi lugar y pagar ese gran precio. Mi alabanza y toda adoración es para ti. En Cristo Jesús, amén.”

Centro Familiar de Adoración

13/05/26

Tiempo Devocional


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