REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES

REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES

“Yo levantaré después de ti a uno de tu linaje… y yo afirmaré para siempre el trono de su reino.” 2 Samuel 7:12-13

Después del tabernáculo y los sacrificios, Israel entra en la etapa de reyes y profetas.

Dios establece un reino visible en la tierra. Pero ninguno de los reyes fue perfecto. David fue conforme al corazón de Dios, pero falló. Salomón tuvo sabiduría, pero cayó en idolatría. Los demás reyes, en su mayoría, se desviaron y siguieron a otros dioses.

Esto revela algo importante: no esperes del hombre un reino perfecto. Por eso Dios promete un Rey eterno.

Los profetas comenzaron a anunciar algo más grande que un reino terrenal: “Mas él herido fue por nuestras rebeliones…” Isaías 53:5.

Aquí el enfoque cambia. El Rey prometido no solo gobernaría; también sufriría y pagaría un gran precio. El Mesías no vendría primero con corona; vendría primero con cruz.

En el Antiguo Testamento vemos dos líneas: la línea del reino (David) y la línea del sacrificio (tabernáculo y sangre).

En Jesucristo ambas se unen. Él es el Rey prometido y el Cordero sacrificado.

La Cruz no fue un accidente político; fue el cumplimiento profético del plan eterno de Dios. Cada profeta señalaba hacia adelante. Hablaron de un nuevo pacto, un corazón nuevo, perdón definitivo, un reino eterno; todo cumplido y reunido en la obra de la Cruz.

La historia del Antiguo Testamento no está fragmentada; está dirigida hacia un punto central: Jesucristo, y este crucificado.

Los reyes fallaron. Los sistemas fallaron. El pueblo falló. Pero Dios nunca falló.

La promesa del Mesías demuestra que, desde el principio, Dios tenía una solución perfecta. Y esa solución es Jesús.

La Cruz no es un capítulo aislado; es el cumplimiento de toda la historia bíblica. Es el cordón de grana que une Génesis con Apocalipsis y revela el propósito eterno de Dios acerca de nuestra redención.

Oremos:

“Padre de toda bondad, tu reino es eterno. Gracias porque, por tu gracia, hoy hacemos parte de este gran plan de redención eterno. En ti descansan nuestros tiempos. Toda la alabanza y adoración es para ti. En Cristo Jesús, amén.”

Centro Familiar de Adoración

14/05/26

Tiempo Devocional


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