“Porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.” 1 Samuel 16:7
La historia de Saúl termina con una lección que no ha cambiado en el tiempo de la gracia: desobedecer a Dios, desechar Su voz y rechazar Su Cruz produce mucho dolor.
Samuel llega a la casa de Isaí para ungir al próximo rey de Israel. Uno a uno pasan los hermanos de David. Eliab parecía la opción perfecta. Se veía fuerte, imponente y tenía presencia. Pero Dios le dice a Samuel: “No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura”. Dios no busca ni ve a la manera del hombre.
Mientras todos observaban a los hijos mayores de Isaí, David estaba en el campo cuidando ovejas. Ni siquiera fue invitado al sacrificio. Su propia familia no lo consideró una opción. Pero Dios ya lo conocía. El Señor conoce el lugar donde servimos en silencio. Ve nuestra fidelidad en lo secreto.
La elección de David revela el corazón del evangelio. Dios no escoge según los criterios humanos. La Cruz es la máxima expresión de esta verdad. El mundo valora la fuerza, el reconocimiento y el éxito visible. Pero Dios escogió salvar al mundo mediante un Salvador crucificado. Lo que parecía debilidad ante los hombres era el poder de Dios.
“Lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte.” 1 Corintios 1:27-29
David no era perfecto. Cometería graves errores en el futuro. Sin embargo, había algo que lo distinguía: tenía un corazón conforme al corazón de Dios. Esto no significa una vida perfecta. Significa un corazón sensible, humilde y dispuesto a rendirse por completo a Dios.
La Cruz confirma que Dios obra de una manera diferente a la lógica humana. Toda la gloria le pertenece a Él. Saúl se preocupó por conservar su imagen; David aprendió a cuidar su relación con Dios.
Quizás te sientes invisible. Tal vez piensas que otros están más preparados o son más capaces y equipados. No olvides: Dios sabe dónde está tu campo.
La Cruz nos recuerda que Dios no llama a los más impresionantes. Llama a quienes están dispuestos a depender de Él. Dios ya ha establecido el camino: Cristo y Su sacrificio perfecto.
Oremos:
“Padre amado y de toda bondad, gracias por escogerme y mirarme con misericordia. En el silencio te amaré, te adoraré y te serviré. Dame ese corazón conforme al tuyo. Quita de mí la soberbia, la altivez y todo orgullo. A Ti me debo por completo. En Cristo Jesús, amén.”
Centro Familiar de Adoración
17/06/26
Tiempo Devocional


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