ABRE LAS PUERTAS

“En el primer año de su reinado, en el mes primero, abrió las puertas de la casa de Jehová, y las reparó. E hizo venir a los sacerdotes y levitas, y los reunió en la plaza oriental. Y les dijo: ¡Oídme, levitas! Santificaos ahora, y santificad la casa de Jehová, el Dios de vuestros padres, y sacad del santuario la inmundicia.”

2 Crónicas 29:3-5

Después de la terrible historia de Acaz, aparece su hijo Ezequías. Acaz había cerrado las puertas del templo, apagado las lámparas y levantado altares para los dioses paganos.

Pero Ezequías tomó una decisión diferente: “Nuestros padres han sido infieles… y han cerrado las puertas del pórtico.” Entonces comenzó a limpiar y santificar la casa de Dios.

Lo primero que hizo Ezequías no fue fortalecer el ejército ni buscar alianzas políticas. Se volvió a Dios.

Ezequías no podía cambiar lo que había hecho su padre. No podía borrar los años de idolatría, pero sí podía decidir qué haría él.

Y aquí encontramos una gran verdad: nuestro pasado revela de dónde venimos, pero no determina ni define hacia dónde vamos.

Ezequías abrió nuevamente las puertas que Acaz había cerrado.

Hay una puerta que el pecado cerró entre Dios y el hombre, pero Cristo abrió el camino mediante Su sacrificio.

Hebreos 10:19-20 declara: “Teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió…”

¡Qué glorioso! Ezequías abrió las puertas del templo; Cristo abrió las puertas del cielo y el acceso a la presencia de Dios. No por nuestros méritos ni por nuestras obras, sino solamente por Su sangre.

Ezequías dijo: “Nuestros padres han sido infieles.” No justificó el pecado ni lo escondió; lo reconoció. Y la Cruz nos enseña exactamente eso: venir delante de Dios sin excusas y confiar en la sangre de Cristo. Donde hay arrepentimiento verdadero, hay gracia suficiente.

Quizá hay puertas que se han cerrado en tu vida espiritual: la oración, la Palabra, la comunión con Dios o la adoración. Pero hoy, como hizo Ezequías, puedes volver a abrirlas.

No es en tus fuerzas. Comienza en la Cruz. La sangre de Cristo sigue teniendo poder para limpiar, restaurar y acercarnos nuevamente a Dios.

“Acerquémonos, pues, con corazón sincero, en plena certidumbre de fe…” Hebreos 10:22

La Cruz no solamente perdona nuestro pasado; nos abre nuevamente el camino hacia la presencia de Dios.

OREMOS

Padre amado y Dios de toda gracia, gracias por este maravilloso día que me regalas. Las puertas de mi alma y de mi corazón están abiertas de par en par para que entres y seas el Rey y Señor de mi vida. Mi caminar de tu mano siempre, en el nombre de Jesús. Amén.

Centro Familiar de Adoración

27/08/2026

Tiempo Devocional


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