“Y dijo Jeremías: No te entregarán. Oye ahora la voz de Jehová que yo te hablo, y te irá bien y vivirás.” Jeremías 38:20
Sedequías fue el último rey de Judá antes de la destrucción de Jerusalén. A diferencia de quienes nunca escucharon la advertencia, él recibió repetidamente la Palabra de Dios por medio del profeta Jeremías.
Dios le mostró claramente qué debía hacer. Sin embargo, Sedequías permitió que el temor, la presión de otros y sus propias inseguridades determinaran sus decisiones. Sabía lo que Dios decía, pero no tuvo la determinación de obedecer.
Finalmente, Jerusalén cayó.
La historia de Sedequías y su familia representa el trágico resultado de una vida que continuamente resiste la voz de Dios. No fue la falta de advertencia lo que llevó a Judá a la ruina. Dios habló una y otra vez, pero ellos abandonaron a Dios.
Primero, después de Josías, una generación dejó de abrazar personalmente la fe. Luego vino el rechazo abierto a la Palabra. Después apareció la fragilidad espiritual y, finalmente, llegó la destrucción, la muerte y la cautividad en Babilonia.
Pero aunque el hombre se haya apartado, haya fracasado y aun haya sido llevado a cautividad, Dios sigue señalando el camino de regreso.’
Ese camino no es nuestra propia fuerza. No es simplemente hacer más promesas. No es confiar en nuestra capacidad para cambiar. Es volvernos a Cristo.
“Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra.” Isaías 45:22
La respuesta para el hombre continúa siendo mirar a Aquel que Dios ha provisto. Para nosotros, esa mirada está dirigida a Jesucristo y a Su obra consumada en la Cruz.
Podemos haber recorrido un largo camino de fracaso, pero nunca debemos olvidar que la respuesta de Dios sigue siendo Cristo. La Cruz no pierde su poder porque nosotros hayamos fallado.
Al meditar en la historia del último rey de Judá, encontramos una voz clara del Señor: “Oye ahora la voz de Jehová que yo te hablo, y te irá bien y vivirás.” Vuelve al fundamento antes de que las consecuencias de nuestro pecado y rebelión sean mayores.
Cristo y Él crucificado no es solamente el mensaje con el que debemos comenzar la vida cristiana; es el fundamento donde debemos permanecer siempre.
OREMOS
Padre amado y Dios de toda gracia, hoy mi corazón está dispuesto a escucharte y obedecerte. Ayúdame a no ser obstinado, orgulloso ni autosuficiente. Necesito Tu gracia, porque Tu gracia es suficiente. En el nombre de Jesús. Amén.
Centro Familiar de Adoración
9 de septiembre de 2026
Tiempo Devocional


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