“He aquí Dios es salvación mía; me aseguraré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es JAH Jehová, quien ha sido salvación para mí.” Isaías 12:2
Hay una expresión poderosa en este versículo: “Dios es salvación mía.”
Isaías no dice simplemente que Dios da salvación o que Dios tiene salvación. Su declaración va mucho más allá: Dios mismo es su salvación.
Comprender esto cambia nuestra manera de vivir la vida cristiana.
Muchas veces buscamos en nosotros mismos aquello que solamente podemos encontrar en Cristo. Cuando fallamos, miramos nuestra debilidad. Cuando enfrentamos una prueba, calculamos nuestras fuerzas. Cuando luchamos contra el pecado, confiamos en nuestra determinación y pensamos que esta vez podremos hacerlo mejor.
Pero la fe dirige nuestra mirada hacia otro lugar: “He aquí Dios…”
Nuestra salvación y nuestra vida victoriosa nunca han dependido de nuestra capacidad, sino de lo que Dios hizo por nosotros por medio de Jesucristo.
Por eso Pablo declaró: “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.” 1 Corintios 1:18
En la Cruz, Jesucristo hizo todo lo necesario para nuestra redención. Allí pagó nuestra deuda, quebrantó el dominio del pecado y abrió para nosotros el camino hacia Dios.
Por eso Isaías puede continuar diciendo: “Me aseguraré y no temeré.”
¿De dónde nace esa seguridad? No de pensar: “Yo puedo.” Sino de descansar en esta verdad: “Cristo ya lo hizo.”
Cuando nuestra fe descansa en Cristo y en Su obra terminada en la Cruz, podemos reconocer nuestras debilidades sin desesperarnos. Ya no dependemos de nuestra fuerza para alcanzar la victoria. El Espíritu Santo puede obrar en nosotros y producir aquello que jamás podríamos producir por nuestras propias fuerzas.
Tal vez hoy estás mirando demasiado tus limitaciones, tus fracasos o aquello que todavía no has podido vencer. Vuelve tus ojos a Cristo.
Deja de medir tu victoria por el tamaño de tus fuerzas; mide tu esperanza por la grandeza de tu Salvador.
Mi confianza no está en lo que yo puedo hacer, sino en lo que Cristo ya hizo.
OREMOS
Padre amado y Dios de toda gracia, reconozco que muchas veces he puesto mis ojos en mis propias fuerzas y he terminado agotado, temeroso y desanimado. Hoy vuelvo mi mirada a Jesucristo. Gracias porque mi salvación descansa en Su obra terminada en la Cruz. Sé Tú mi fortaleza. En el nombre de Jesús. Amén.
Centro Familiar de Adoración
18 de septiembre de 2026
Tiempo Devocional


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