“Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro padre; nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros.” Isaías 64:8
Hay algo que debemos recordar cuando miramos nuestra vida y encontramos áreas que necesitan cambiar: Dios no ha terminado con nosotros; no somos un producto terminado.
Isaías utiliza una hermosa ilustración: nosotros somos barro y Dios es quien nos forma. El barro no se transforma a sí mismo; necesita las manos del alfarero.
Y esta es la experiencia de muchos creyentes: intentamos producir con nuestras propias fuerzas aquello que solamente Dios puede formar en nosotros.
Queremos cambiar nuestro carácter. Queremos vencer el pecado. Queremos crecer espiritualmente. Queremos parecernos más a Cristo. Y terminamos frustrados porque descubrimos que, por más que lo intentemos, hay cosas que no podemos cambiar por nosotros mismos.
Pero la Palabra nos recuerda: somos obra de Sus manos.
Esto no significa que seamos pasivos frente al pecado ni que dejemos de tener la responsabilidad de obedecer a Dios. Significa que la verdadera transformación espiritual no se produce mediante nuestra propia capacidad. Necesitamos la obra de la gracia de Dios, el poder de la Sangre de Cristo y la operación del Espíritu Santo.
Y aquí, nuevamente, la Cruz ocupa el lugar central. Cristo no solamente murió para perdonarnos; mediante Su obra hizo posible que andemos en una vida nueva.
Nuestra responsabilidad es mantener nuestra fe en Jesucristo y en Su obra terminada en la Cruz, permitiendo que el Espíritu Santo realice Su obra transformadora en nosotros.
Pablo lo expresó así: “Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.” Filipenses 2:13
Pablo también nos invita a examinarnos para saber si estamos en la fe. Y cuando lo hacemos, quizás miremos nuestra vida y pensemos: “¡Cuánto me falta!”
Probablemente sea cierto. Pero también hay otra verdad que no debemos olvidar: Todavía estás en las manos del Alfarero.
No te conformes con aquello que necesita cambiar, pero tampoco te desesperes por lo que todavía no ha cambiado. Sigue confiando. Sigue obedeciendo. Sigue mirando a Cristo.
El mismo Dios que comenzó Su obra en ti todavía está trabajando en tu vida. Dios todavía está obrando en ti.
OREMOS
Padre amado y Dios de toda gracia, reconozco que hay áreas de mi vida que todavía necesitan ser transformadas. Espíritu Santo, obra en mi corazón, corrige, obra y forma en mí el carácter de Cristo. Ayúdame a permanecer en las manos del Alfarero y a confiar en que Tú continuarás haciendo Tu obra en mí. En el nombre de Jesús. Amén.
Centro Familiar de Adoración
6 de octubre de 2026
Tiempo Devocional


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