“Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua.” Jeremías 2:13
Hay algo profundamente triste en estas palabras de Dios a través del profeta Jeremías.
El pueblo de Israel había cometido dos grandes errores: abandonó a Dios, la fuente de agua viva, y buscó otras fuentes que jamás podrían satisfacerlo.
Para comprender mejor este pasaje, debemos recordar que, en aquella época, las cisternas eran depósitos utilizados para almacenar agua. Pero una cisterna rota era prácticamente inútil. Por más agua que se depositara en ella, terminaría perdiéndose.
¡Qué comparación! Abandonaron una fuente que nunca dejaba de dar agua para depender de depósitos que ni siquiera podían retenerla.
Y aunque estas palabras fueron dirigidas originalmente a Israel, contienen una enseñanza muy importante para nuestra vida.
¿Cuántas veces buscamos satisfacción, seguridad y tranquilidad en cosas que no pueden saciarnos? Pensamos que cuando tengamos más dinero estaremos tranquilos; que cuando resolvamos todos nuestros problemas tendremos paz; que cuando alcancemos determinadas metas finalmente estaremos satisfechos. Pero tarde o temprano descubrimos que ninguna de estas cosas puede ocupar el lugar de Dios. Nuestros problemas espirituales comienzan cuando permitimos que algo ocupe el lugar que solamente le corresponde al Señor.
Jesús le dijo a una mujer samaritana: “Mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás.” Juan 4:14
Medite en esto: El Dios que en Jeremías se presenta como la fuente de agua viva es el mismo Dios que, por medio de Jesucristo, ofrece al ser humano la vida que verdaderamente necesita. Y esa vida fue hecha posible mediante Su sacrificio en la Cruz.
Cristo no murió simplemente para mejorar nuestra existencia; murió para reconciliarnos con Dios y darnos vida eterna.
Por eso, nuestra fe debe permanecer en Jesucristo y en Su obra terminada en la Cruz. Cuando dejamos de depender de Él y comenzamos a confiar en nuestros propios esfuerzos, recursos o capacidades, estamos buscando en otras fuentes lo que solamente Su gracia puede proporcionarnos.
Y aquí debemos hacernos una pregunta muy personal: ¿De dónde estoy esperando recibir aquello que solamente Dios puede darme?
No hay nada malo en trabajar, esforzarnos, alcanzar metas o procurar una vida mejor. El problema comienza cuando depositamos nuestra confianza en esas cosas y esperamos de ellas lo que solamente encontramos en Cristo.
No abandones la fuente por una cisterna. No cambies lo eterno por lo pasajero. No pongas tu confianza en aquello que mañana puede desaparecer.
Vuelve tu mirada a Cristo. No necesitas buscar otra fuente cuando tienes acceso a Aquel que da el agua de vida eterna.
OREMOS
Padre amado y Dios de toda gracia, perdóname por las veces que he buscado en otras cosas la satisfacción, la seguridad y la paz que solamente puedo encontrar en Ti. Examina mi corazón y muéstrame si algo ha ocupado el lugar que te pertenece. Hoy renuevo mi fe en Jesucristo y en Su obra terminada en la Cruz. Espíritu Santo, enséñame a depender cada día de Tu gracia y a encontrar en Cristo todo lo que mi alma verdaderamente necesita. En el nombre de Jesús. Amén.
Centro Familiar de Adoración
13 de octubre de 2026
Tiempo Devocional


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