“¡Oh Señor Jehová! he aquí que tú hiciste el cielo y la tierra con tu gran poder, y con tu brazo extendido, ni hay nada que sea difícil para ti.” Jeremías 32:17
Hay situaciones en nuestra vida que parecen contradecir todo aquello que hemos creído.
Oramos, esperamos, confiamos, pero las dificultades continúan. Y entonces nos preguntamos: ¿Por qué las cosas no cambian?
Jeremías pronunció estas palabras en uno de los momentos más difíciles de la historia de Judá. Jerusalén estaba sitiada por el ejército de Babilonia. La destrucción se acercaba y el propio profeta se encontraba preso.
En medio de aquella situación, Dios le ordenó comprar un campo. Humanamente, comprar una propiedad mientras la nación estaba a punto de caer parecía no tener sentido.
Sin embargo, aquella compra era una señal profética: Dios había determinado que, después del juicio y del cautiverio, Su pueblo volvería a poseer tierras en aquella nación.
Jeremías obedeció, pero también llevó sus inquietudes delante del Señor. Y comenzó su oración declarando: “Ni hay nada que sea difícil para ti.”
¡Qué gloriosa declaración de fe!
Jeremías no estaba negando la gravedad de las circunstancias. Jerusalén realmente estaba en peligro. El cautiverio realmente llegaría. Pero por encima de aquella realidad había una verdad todavía mayor: Dios seguía siendo poderoso y fiel a Su Palabra.
A veces medimos las posibilidades de una situación únicamente por los recursos que tenemos. Miramos nuestras fuerzas, nuestras finanzas, nuestras capacidades o las puertas que permanecen cerradas. Y terminamos pensando que ya no hay solución.
Y olvidamos que lo que es imposible para el hombre no está fuera del alcance y del poder de Dios.
Sin embargo, esto no significa que Dios hará necesariamente todo lo que nosotros deseamos. Su poder siempre actúa conforme a Su sabiduría y Su perfecta voluntad.
Medita en esto: La humanidad tenía un problema que jamás habría podido resolver por sí misma: el pecado y la separación de Dios.
Ninguna obra humana podía pagar aquella deuda. Ningún esfuerzo personal podía reconciliarnos con nuestro Creador.
Pero lo que era imposible para nosotros, Dios lo hizo posible mediante la muerte y resurrección de Su Hijo.
La mayor demostración del poder de Dios no está simplemente en cambiar nuestras circunstancias, sino en haber hecho posible nuestra salvación mediante Jesucristo.
Por eso, nuestra fe no descansa únicamente en que Dios puede cambiar lo que estamos viviendo. Descansa en Jesucristo y en Su obra terminada en la Cruz.
Quizás hoy te encuentres atravesando una situación en la que parece no haber salida. Has orado, has esperado y todavía no encuentras una respuesta.
Haz lo que hizo Jeremías: reconoce la realidad de tu situación, pero no olvides la grandeza de tu Dios. No necesitas negar tus dificultades para confiar en el Señor.
Puedes reconocer que algo está fuera de tus posibilidades y, al mismo tiempo, descansar en que nada está fuera del alcance de Su poder.
Ora. Confía. Obedece Su Palabra. Y descansa en que nada puede impedir el cumplimiento de Sus propósitos. Lo que para ti parece imposible, no es demasiado difícil para Dios.
Y aunque Su respuesta no siempre sea la que esperas, puedes tener la seguridad de que Su poder no ha disminuido y Su fidelidad permanece para siempre.
OREMOS
Padre amado y Dios de toda gracia, ¡cuántas veces he permitido que mis dificultades me hagan olvidar la grandeza de Tu poder! Perdóname por las ocasiones en las que he mirado más mis problemas que Tus promesas. Hoy reconozco que no hay nada demasiado difícil para Ti. Mi confianza permanece en Jesucristo y en Su obra terminada en la Cruz. Espíritu Santo, fortalece mi fe, dame sabiduría para obedecer al Señor, paciencia para esperar y un corazón dispuesto a descansar en Su perfecta voluntad. Ayúdame a recordar que, aunque mis recursos sean limitados, el poder de Dios no tiene límites. En el nombre de Jesús. Amén.
Centro Familiar de Adoración
27 de octubre de 2026
Tiempo Devocional


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