“Pero Cristo nos ha rescatado de la maldición dictada en la ley. Cuando fue colgado en la cruz, cargó sobre sí la maldición de nuestras fechorías. Pues está escrito: «Maldito todo el que es colgado en un madero”.
Gálatas 3:13-14
La palabra “maldición” en la Escritura no es superstición. Es una realidad legal y espiritual que entró al mundo como consecuencia del pecado.
Desde Génesis 3, la humanidad quedó bajo un sistema de maldición: dolor, muerte, separación, frustración, opresión y deterioro.
Deuteronomio 28 describe las consecuencias de estar bajo la ley sin poder cumplirla: enfermedad, derrota, escasez, temor constante. El hombre no podía escapar por sí mismo.
La maldición no es simplemente un sentimiento negativo. Es el resultado judicial de haber quebrantado la ley de Dios. “Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley…”
El problema del hombre no era falta de intención; era la incapacidad total para cumplir perfectamente la ley. Por eso necesitaba un Sustituto.
Gálatas 3:13 declara algo impactante: “Pero Cristo nos ha rescatado de la maldición.” En la Cruz ocurrió un intercambio divino: Él tomó nuestra maldición. Nosotros recibimos Su bendición. Él tomó nuestro juicio. Nosotros recibimos justificación.
La redención no fue parcial. Fue legal, completa y definitiva. La palabra “redimió” implica rescatar pagando un precio. El precio fue la sangre de Cristo. Legalmente, el creyente ya no está bajo maldición. Está bajo gracia. La maldición fue quebrada en el Calvario y la bendición por la fe es nuestra.
Oremos:
“Padre de toda bondad. Abre mis ojos y pueda ver claramente a Jesucristo como mi Redentor. Comprado por Su sangre. Y mi bendición total y completa en Él.
Centro Familiar de Adoración
24/02/26
Tiempo Devocional


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