“Por lo tanto, ya no hay condenación para los que pertenecen a Cristo Jesús”.
Romanos 8:1
Esta verdad, cuando es comprendida en el corazón, debe marcar el fin de toda culpa. Sin embargo, muchos creyentes viven salvos, pero no libres. El pasado los persigue, la culpa los paraliza y la acusación del enemigo es una constante.
Hoy permíteme proclamar esta verdad a tu alma:
La Cruz canceló toda deuda.
La justificación por la fe no cubre parcialmente el pasado; lo borra completamente. Dios no deja saldos pendientes. La sangre de Jesús no limpia de manera temporal, sino total. El precio pagado en el Calvario fue perfecto y suficiente.
El enemigo señala el pasado, pero la Cruz declara: “Consumado es”.
El enemigo acusa, pero la sangre absuelve.
No vivas bajo una culpa que Cristo ya llevó. No cargues con lo que ya fue pagado. Cree en tu corazón esta verdad gloriosa: Cristo me amó y ya pagó por mí.
Oremos:
Padre de toda bondad, ayúdame a caminar en la libertad con que Cristo me hizo libre. Enséñame a vivir confiando en la obra perfecta de la Cruz y no en mis sentimientos. Amén.
Centro Familiar de Adoración
11/02/26
Tiempo Devocional


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