“Y dijo Salomón: Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo…” 1 Reyes 3:5-14
Salomón, heredero del trono después de la muerte de David, su padre, inicia su reinado con un acontecimiento extraordinario. Dios se le aparece en sueños y le dice: “Pide lo que quieras que yo te dé.” (1 Reyes 3:5).
Salomón no pide riquezas, ni fama, ni larga vida. Pide sabiduría. Y Dios se la concede en una medida que ningún otro hombre había recibido.
Salomón llegó a ser el hombre más sabio de su generación. Reyes viajaban desde lugares lejanos para escuchar sus palabras. Su fama llenó toda la tierra.
Pero atento a esto: la sabiduría, aunque es un regalo de Dios, nunca reemplazará una relación con Dios. Se puede tener mucho conocimiento y, aun así, alejarse del Señor.
La historia de Salomón demuestra que el problema del ser humano no es solamente la falta de conocimiento. Es la condición del corazón.
Salomón sabía lo correcto. Había escrito proverbios sobre la sabiduría. Conocía la Ley. Sin embargo, al final de su vida permitió que su corazón fuera desviado.
La Cruz nos enseña que el hombre no necesita únicamente información. Necesita una nueva naturaleza. No basta con conocer la verdad. Necesitamos que la verdad transforme nuestro corazón, y solo Cristo puede hacerlo.
Jesús mismo declaró: “…y he aquí más que Salomón en este lugar.” (Mateo 12:42).
Salomón ofreció sabiduría. Cristo es la Sabiduría de Dios hecha carne.
Salomón resolvía conflictos. Cristo reconcilia al hombre con Dios.
Salomón gobernó un reino terrenal y temporal. Cristo reina para siempre.
La vida cristiana no se sostiene solo con sabiduría. Se sostiene por la vida del Espíritu Santo en nosotros, quien nos lleva a vivir y a depender de la gracia de Dios.
La Cruz humilla el orgullo intelectual y nos recuerda que sin Cristo no podemos vivir conforme a la voluntad de Dios.
“Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría…” (1 Corintios 1:30).
Nuestra mayor sabiduría no es un concepto. Es una Persona: Jesucristo.
Oremos:
“Padre amado y de toda bondad, hoy deseo tener un corazón dispuesto para escuchar a Cristo, atender Su voz y tomar Su mano. No quiero ignorar la fuente de toda sabiduría, porque se que mi vida depende de Su obra redentora. En Cristo Jesús, amén.”
Centro Familiar de Adoración
30/06/26
Tiempo Devocional


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