CUANDO SE ACABAN TUS FUERZAS

“Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.”

Isaías 40:29

Hay momentos en los que simplemente nos cansamos. Nos cansamos de luchar, de esperar, de intentar, de enfrentar la misma situación una y otra vez.

Y muchas veces pensamos que la respuesta es esforzarnos un poco más, luchar más, dar una milla extra.

Pero la Palabra nos revela algo maravilloso: Dios fortalece precisamente al que reconoce que ya no tiene fuerzas.

Los siguientes versículos dicen que aun los jóvenes se cansan y caen. Esto nos recuerda que llegará un momento en el que la capacidad humana encontrará su límite.

Pero… “Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas…” Isaías 40:31

Aquí encontramos un principio fundamental para nuestra vida espiritual: Dios nunca diseñó la vida cristiana para que dependiera de nuestra propia capacidad.

La Cruz nos enseña precisamente eso. Cristo hizo por nosotros aquello que nosotros jamás podríamos hacer.

Y así como comenzamos nuestra vida cristiana, dependiendo total y absolutamente de Cristo, pues debemos continuar dependiendo de Él: “Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él.” Colosenses 2:6

Lo recibimos por fe y debemos continuar caminando por fe. No comenzamos dependiendo de Cristo para luego continuar dependiendo de nosotros mismos.

Pablo escuchó del Señor: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.” 2 Corintios 12:9

Muchos se encuentran hoy agotados, intentando resolver con sus propias fuerzas algo que necesitan colocar nuevamente en las manos del Señor.

No permitas que los problemas, cualquiera que sean, ahoguen tu fe. Reconocer nuestra debilidad no significa abandonar la fe; puede ser precisamente el momento de ejercerla.

Es allí donde dejamos de confiar en nosotros mismos y volvemos a descansar completamente en Cristo y en Su obra terminada en la Cruz.

Cuando nuestra fe está correctamente puesta en Cristo y en lo que Él hizo por nosotros en el Calvario, el Espíritu Santo puede proporcionarnos la fortaleza que nosotros no tenemos.

Hoy no tienes que demostrarle a Dios cuán fuerte eres. Puedes reconocer cuánto lo necesitas. Cuando se terminan nuestras fuerzas, no se terminan los recursos de Dios.

OREMOS

Padre amado y Dios de toda gracia, perdóname por las veces que he intentado llevar mis cargas y alcanzar la victoria dependiendo de mis propias fuerzas. Hoy vuelvo mi fe a Jesucristo y a Su obra terminada en la Cruz. Espíritu Santo, fortaléceme y ayúdame a continuar confiando en Tu Palabra y descansando en lo que Cristo ya hizo por mí. En el nombre de Jesús. Amén.

Centro Familiar de Adoración

22 de septiembre de 2026

Tiempo Devocional


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