“Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados.” Isaías 57:15
Isaías presenta un contraste extraordinario. Dios dice: “Yo habito en la altura y la santidad…” Él es Santo, Eterno, Soberano y está por encima de toda Su creación. Pero inmediatamente añade: “…y con el quebrantado y humilde de espíritu.”
¡Qué verdad tan hermosa! El Dios que habita en las alturas también se acerca al corazón que reconoce cuánto lo necesita.
Vivimos en un mundo que constantemente nos impulsa a confiar en nosotros mismos, a mostrar fortaleza y a esconder nuestras debilidades. Nos cuesta decir: Estoy cansado. No puedo con esto. Me equivoqué. Necesito ayuda. Necesito a Jesús.
Incluso delante de Dios, que todo lo sabe y conoce, podemos intentar aparentar que todo está bien. Pero Dios no está buscando una apariencia de fortaleza.
Él responde al corazón humilde que reconoce su necesidad. Y esto nos lleva directamente a la Cruz.
Para recibir la salvación, primero tuvimos que reconocer que no podíamos salvarnos a nosotros mismos. No llegamos a Cristo mostrando nuestros méritos; llegamos reconociendo nuestra condición y creyendo que solamente Él podía hacer por nosotros aquello que jamás podríamos hacer.
Y esa misma dependencia debe continuar durante toda nuestra vida cristiana. Pablo lo expresó así: “Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.” 2 Corintios 12:10
Nuestra debilidad reconocida puede convertirse en el lugar donde aprendemos a depender verdaderamente de la gracia y del poder de Dios.
Puede que hayas llegado al límite de tus fuerzas. Eso no significa necesariamente que estés en el peor lugar. Pero debe ser el momento en que dejes de decir “yo puedo” y vuelvas a decir: “Señor, te necesito.”
Mantén tu fe en Jesucristo y en Su obra terminada en la Cruz. El Espíritu Santo puede fortalecer, restaurar y, como dice esta escritura, “vivificar el corazón de los quebrantados.”
Dios no desprecia el corazón que reconoce su necesidad; se acerca para darle vida.
OREMOS
Padre amado y Dios de toda gracia, dame un corazón humilde que reconozca cada día cuánto necesito de Ti. Perdóname por las veces que he confiado en mi mismo. Hoy vuelvo mi mirada y mi fe a Jesucristo y a Su obra terminada en la Cruz. Espíritu Santo, fortalece mi vida y restaura todo lo que está quebrantado en mí. En el nombre de Jesús. Amén.
Centro Familiar de Adoración
29 de septiembre de 2026
Tiempo Devocional


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