“Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones.”
Jeremías 1:5
Jeremías fue un hombre llamado por Dios para anunciar Su Palabra en uno de los momentos más difíciles de la historia de Judá.
Tendría que enfrentar oposición, rechazo, persecución y muchas lágrimas. Su ministerio no sería fácil. Sin embargo, antes de mostrarle todo lo que tendría que enfrentar, Dios le hizo una declaración maravillosa: “Antes que te formase en el vientre te conocí.”
¡Qué maravilloso! Antes de que Jeremías pudiera conocer a Dios, Dios ya lo conocía a él. Antes de que pronunciara su primera palabra, Dios ya había determinado el propósito de su llamamiento.
Pero cuando Dios lo llamó, Jeremías no respondió hablando de sus grandes capacidades. Por el contrario, dijo: “¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño.” Jeremías 1:6
Jeremías estaba mirando sus limitaciones, mientras Dios le estaba mostrando Su suficiencia.
¿No nos sucede lo mismo? Miramos nuestra edad, nuestras debilidades, nuestros errores, nuestra falta de experiencia o los obstáculos que tenemos por delante. Y terminamos pensando: “Yo no puedo.”
Pero el Señor le respondió: “No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová.” Jeremías 1:8
La seguridad de Jeremías no estaba en sus capacidades, sino en el Dios que lo había llamado. Y esta verdad también nos conduce a Jesucristo.
La Cruz nos recuerda que Dios no nos salva por lo que somos capaces de hacer, sino por lo que Cristo hizo por nosotros. Nuestra relación con Dios comienza por gracia y debemos continuar dependiendo de esa misma gracia.
Quizás hoy estás mirando una responsabilidad, una dificultad o una nueva etapa de tu vida y pensando que no tienes las fuerzas suficientes.
Dios conoce tus limitaciones, tus temores y tus debilidades. Pero en Sus manos están los recursos inagotables de Su gracia.
No necesitas aparentar una fortaleza que no tienes. Necesitas mantener tu fe en Jesucristo y en Su obra terminada en la Cruz, permitiendo que el Espíritu Santo te fortalezca para vivir conforme a Su voluntad.
Recuerda esto: Dios conoce perfectamente quién eres, lo que estás viviendo y aquello que todavía no puedes ver. Tu confianza no debe estar en cuánto puedes hacer por Dios, sino en lo que Cristo ya hizo por ti.
OREMOS
Padre amado y Dios de toda gracia, gracias porque conoces mi vida mucho mejor de lo que yo mismo la conozco. Tú sabes cuáles son mis debilidades, mis temores y mis limitaciones. Perdóname por las veces que he confiado más en mis capacidades que en Tu gracia. Ayúdame a mantener mi fe en Jesucristo y en Su obra terminada en la Cruz. Espíritu Santo, fortaléceme para caminar cada día conforme a Tu voluntad. En el nombre de Jesús. Amén.
Centro Familiar de Adoración
9 de octubre de 2026
Tiempo Devocional


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