“Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel.” Isaías 7:14
Siete siglos antes del nacimiento de Jesús, Isaías anunció una señal extraordinaria: una virgen concebiría y daría a luz un hijo. Su nombre sería Emanuel: Dios con nosotros.
El hombre, separado de Dios a causa del pecado, jamás habría podido encontrar por sí mismo el camino de regreso a Él. Por eso, en Su sublime gracia, Dios vino hasta nosotros.
Jesús no vino simplemente para enseñarnos a vivir mejor. Tampoco vino únicamente para hacer milagros, sanar enfermos, o dejarnos un gran ejemplo. Él vino para salvarnos.
Desde Su encarnación, todo Su camino apuntaba hacia la Cruz.
El Hijo de Dios tomó naturaleza humana para poder ofrecerse como el Sacrificio perfecto por nuestros pecados. Aquel niño que nació en Belén sería quien años después cargaría sobre Sí nuestra culpa en el Calvario.
Por eso, no podemos separar a Emanuel de la Cruz.
Dios estuvo con nosotros para hacer por nosotros aquello que jamás hubiéramos podido hacer por nosotros mismos. Vino a nuestro encuentro porque nosotros no podíamos llegar hasta Él.
Y ahora, por causa de la obra terminada de Cristo, ya no tenemos que intentar acercarnos a Dios mediante nuestros propios méritos. Tenemos acceso a Él por medio de Jesucristo, quien a través de Su sangre abrió el camino.
Quizás hoy te sientas solo, débil o distante. Recuerda lo que significa Emanuel: Dios no abandonó al hombre en su condición. Vino a buscarlo, vino a salvarlo y fue hasta la Cruz por él.
Emanuel: Dios con nosotros. Dios vino a nuestro rescate.
OREMOS
Padre amado y Dios de toda gracia, gracias porque no me dejaste perdido en mi pecado. Gracias por enviar a Tu Hijo para salvarme. Ayúdame a mantener mi fe puesta en Jesucristo y en Su obra terminada en la Cruz, recordando cada día que, por medio de Él, tengo acceso a Tu presencia. En el nombre de Jesús. Amén.
Centro Familiar de Adoración
15 de septiembre de 2026
Tiempo Devocional


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