“Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?”
Jeremías 17:9
En nuestros días escuchamos constantemente expresiones como: “Haz lo que te diga tu corazón”. Sigue tus sentimientos”.“Si tu corazón te dice que está bien, entonces hazlo”. “el corazon es tu mejor amigo” Las escuchamos en conversaciones, en canciones y consejos que muchas veces recibimos.
Pero la Palabra de Dios nos presenta una verdad: nuestro corazón es engañoso.
A través del profeta Jeremías, Dios revela una de las verdades más profundas acerca de la condición humana. El problema del ser humano no está solamente en lo que hace, sino en lo que es: sus pensamientos, deseos, motivaciones, su naturaleza de pecado. Y nuestras acciones es la evidencia de lo que hay en nuestro corazón.
Podemos justificar nuestras decisiones, convencernos de que estamos actuando correctamente e incluso encontrar argumentos para defender aquello que Dios desaprueba.
Y lo más preocupante es que podemos estar equivocados sin siquiera reconocerlo.
Por eso, el siguiente versículo declara: “Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón…” Jeremías 17:10
Hay pensamientos, intenciones y motivaciones que podemos esconder de los demás. Nadie los ve, nadie los conoce. Pero nada permanece oculto delante de Dios.
Jesús enseñó que del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios y otros pecados (Mateo 15:19).
Esto nos muestra que el problema del pecado es mucho más profundo que nuestras acciones externas. No necesitamos solamente mejorar nuestro comportamiento; necesitamos una transformación interior.
Y aquí encontramos nuevamente nuestra necesidad de la Cruz. Jesucristo no murió simplemente para enseñarnos a ser mejores personas. Murió para salvarnos del pecado y reconciliarnos con Dios.
En la Cruz, Cristo pagó el precio de nuestra redención. Y por nuestra unión con Él, mediante la fe, el Espíritu Santo obra en nosotros para producir una vida nueva.
Pablo declaró: “Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.” Filipenses 2:13
Hay decisiones que pueden parecernos correctas, pero necesitamos examinarlas a la luz de las Escrituras. Hay deseos que pueden sentirse sinceros, pero necesitan ser sometidos al Señor. Y hay pensamientos y actitudes que debemos reconocer y abandonar, en lugar de continuar justificándolos.
Por eso, antes de preguntarnos: “¿Qué me dice mi corazón?”, deberíamos preguntarnos: “¿Qué dice la Palabra de Dios?”
Nuestra seguridad no está en confiar ciegamente en lo que sentimos, sino en mantener nuestra fe puesta en Jesucristo y en Su obra terminada en la Cruz, permitiendo que el Espíritu Santo dirija nuestra vida conforme a Su Palabra.
No todo lo que siente tu corazón es verdad. No permitas que tus sentimientos gobiernen aquello que debe ser dirigido por la Palabra de Dios.
OREMOS
Padre amado y Dios de toda gracia, ¡cuántas veces he permitido que mi corazón me engañe! ¡Cuántas veces he justificado pensamientos, deseos y actitudes que no te agradan! Perdóname, Señor. Examina mi corazón y muéstrame aquello que necesita ser corregido. No permitas que mis sentimientos me aparten de Tu verdad. Espíritu Santo, transforma mis pensamientos, mis deseos y mis motivaciones, para que mi vida sea agradable delante de Ti. En el nombre de Jesús. Amén.
Centro Familiar de Adoración
16 de octubre de 2026
Tiempo Devocional


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