EL EVANGELIO ES UN ULTIMÁTUM

“Cada vez que Jehudí terminaba de leer tres o cuatro columnas, el rey tomaba un cuchillo y cortaba esa sección del rollo. Luego la lanzaba al fuego, sección por sección, hasta que quemó todo el rollo”. Jeremías 36:23

Cuando Joacim escuchó la Palabra de Dios escrita en el rollo de Jeremías, tomó un cuchillo, la cortó y la arrojó al fuego. ¡Qué terrible escena!

Joacim no rechazó la Palabra porque no la hubiera escuchado. La rechazó después de haberla conocido.

Uno de los grandes problemas del corazón del hombre no es solamente la falta de revelación de la Palabra, sino que, muchas veces, conocemos la verdad, pero queremos conservar nuestra propia manera de vivir, nuestros conceptos e ideas.

La Cruz confronta nuestro orgullo porque declara que el hombre no puede salvarse ni santificarse mediante sus propios esfuerzos. Debemos abandonar nuestra confianza en nosotros mismos y ponerla completamente en Cristo y en lo que Él hizo por nosotros en la cruz.

“¡El mensaje de la cruz es una ridiculez para los que van rumbo a la destrucción! Pero nosotros, que vamos en camino a la salvación, sabemos que es el poder mismo de Dios”. 1 Corintios 1:18, NTV

Joacim cortó el rollo, pero no podía cortar la verdad de Dios. Quemó el rollo, pero no podía quemar la Palabra de Dios, porque Su Palabra permanece para siempre.

Podemos ignorar el mensaje de la Cruz, sustituirlo por métodos humanos o intentar mejorar nuestra condición mediante nuestros propios esfuerzos; pero solamente la gracia de Dios, Cristo y Este Crucificado constituyen el fundamento establecido por Dios.

¿Conoces esta verdad? Una verdad que libera, santifica, perfecciona y salva.

El Evangelio es un ultimátum: te rebelas o te entregas. No hay un punto intermedio. La Cruz confronta al hombre con una decisión. Podemos, como Joacim, intentar cortar aquello que confronta nuestro pecado y nuestro orgullo, o podemos rendirnos ante la verdad y abrazar por fe a Cristo y su obra terminada.

No podemos cambiar la Palabra de Dios para acomodarla a nuestra vida. Debemos permitir que la Palabra cambie nuestra vida. Y cuando nuestra fe descansa en Cristo y Su sangre, encontramos allí lo que ningún esfuerzo humano puede producir: salvación, justificación, santificación y victoria.

OREMOS

Padre amado y Dios de toda gracia, hoy descanso en tu amor y en tus promesas. Me rindo totalmente a ti. Ayúdame a nunca rebelarme contra tu verdad y a tener siempre un corazón dispuesto para abrazar la Cruz de Cristo. Que mi confianza nunca esté en mis propias fuerzas, sino únicamente en Cristo y en lo que Él hizo por mí. En el nombre de Jesús. Amén.

Centro Familiar de Adoración

4 de septiembre de 2026

Tiempo Devocional


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