“Haz que los israelitas me construyan un santuario para que yo habite en medio de ellos.” Éxodo 25:8
Después del Sinaí, donde el pueblo tembló ante la santidad de Dios, ahora viene algo maravilloso: Dios no quiere solo manifestarse en fuego, gloria y santidad; Dios quiere habitar en medio de Su pueblo.
El tabernáculo es la respuesta de gracia después de la Ley. En Sinaí, el hombre no podía acercarse. En el tabernáculo, Dios provee un camino para acercarse.
El diseño del tabernáculo es profundamente profético. Todo en él apunta a Cristo:
El altar → el sacrificio
El lavacro → la limpieza
El lugar santo → comunión
El velo → separación
El arca → la presencia de Dios
En el centro estaba el sacrificio de sangre, porque sin derramamiento de sangre no hay acceso. La presencia de Dios solo es posible por medio del sacrificio; hoy tenemos la Cruz de Cristo.
El Lugar Santísimo estaba separado por un velo. Pero cuando Jesús murió en la Cruz, algo extraordinario ocurrió: “Y el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo…” Mateo 27:51.
No fue el hombre quien abrió el acceso; fue Dios. Eso significa que la Cruz quitó la barrera entre Dios y el hombre. Ahora el acceso no está limitado a un sacerdote una vez al año. En Cristo, tenemos entrada directa por Su gracia.
El tabernáculo estaba en el centro del campamento. No estaba afuera. No estaba lejos. Esto muestra el corazón de Dios: Él no solo quiere salvar, quiere morar en medio de Su pueblo.
Y eso se cumple plenamente en Cristo. Jesús es Emanuel, Dios con nosotros, y la Cruz lo hizo posible.
El tabernáculo nos enseña que Dios es santo (Sinaí), pero también es cercano (tabernáculo). Y la Cruz es el puente entre ambos.
La presencia de Dios no es un lugar físico hoy; es una realidad espiritual que solo se experimenta en Cristo.
Oremos:
“Padre de toda bondad, hoy puedo dar gracias porque tu fidelidad y bondad me persiguen. Hoy puedo acercarme al trono de la gracia, y el camino se abrió. Gracias, Jesús, por pagar el precio y traer de vuelta la presencia de Dios a nuestras vidas. En Cristo Jesús, amén.”
Centro Familiar de Adoración
12/05/26
Tiempo Devocional


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