LOS DOS MONTES

“Todo el monte Sinaí humeaba porque Jehová había descendido sobre él en fuego…”

Éxodo 19:16-18

Después del desierto, después del maná y de la roca, el pueblo llega al monte Sinaí. Aquí Dios desciende con gloria, fuego y santidad. Hay truenos, relámpagos y una voz que estremece.

Este momento es clave en la cronología bíblica, porque en Sinaí Dios entrega la Ley.

¿QUÉ SUCEDIÓ? En Egipto, el problema era la esclavitud. En el desierto, el problema era el corazón. En Sinaí, Dios revela algo más profundo: la incapacidad del hombre para cumplir Su estándar santo.

Es importante que usted entienda que la Ley no fue dada para salvar; fue dada para revelar nuestra condición y mostrar nuestra necesidad. Es un espejo donde vemos lo que somos.

El fuego del monte muestra la santidad de Dios. El temor del pueblo muestra la condición del hombre. Cuando el pueblo escucha la voz de Dios, dice a Moisés: “Y dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos.” Éxodo 20:19. No podían soportar directamente la gloria.

Pero, atento a esto: la Ley revela el pecado del hombre. La Cruz resuelve ese problema. La Ley dice: “Haz.” La Cruz dice: “Hecho está.”

En el monte Sinaí vemos la santidad de Dios. En el monte Calvario vemos la gracia de Dios.

La Ley mostró que nadie podía acercarse por mérito propio. Por eso Cristo vino. La Cruz no elimina la santidad de Dios; la satisface. Jesús cumplió perfectamente la Ley y llevó sobre sí nuestra condenación.

La Palabra declara: “De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo…” Gálatas 3:24. La Ley nos guía hasta Cristo. La Cruz es la respuesta al problema que la Ley expone.

Sinaí nos revela: Dios es santo. El hombre es incapaz por sí mismo. Necesitamos un Mediador, y ese Mediador es Jesucristo.

No vivimos bajo la condenación del Sinaí, sino bajo la gracia de la Cruz.

Oremos:

“Padre de toda bondad, gracias por la Cruz. Hoy sé que toda mi necesidad, espiritual, física y material, fue resuelta en la preciosa sangre de Cristo. Maravilloso Dios, mi vida está en tus manos y descanso en tus promesas. En Cristo Jesús, amén.”

Centro Familiar de Adoración

11/05/26

Tiempo Devocional


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