AVANZA PORQUE DIOS HABLÓ
“¿No te ha mandado Jehová Dios de Israel, diciendo: Ve, junta a tu gente…?… Barac respondió: Si tú fueres conmigo, yo iré… Ella dijo: Iré contigo; mas no será tuya la gloria.” Jueces 4:6-9
Se repite la historia: Israel se aparta de Dios, llega la opresión y el pueblo clama. Pero, una vez más, Dios responde.
Y esta vez levanta a una mujer llamada Débora, profetisa y juez de Israel. En medio del temor, la confusión y la opresión, Dios trae dirección.
Débora llama a Barac y le entrega una palabra clara: “Dios ya habló. Ve.” Barac no estaba confundido sobre la voluntad de Dios; la había escuchado. El problema era otro: el temor a obedecer.
Por eso responde: “Si tú fueres conmigo, yo iré…” Barac quería seguridad visible. Pero la fe verdadera aprende a caminar sobre la Palabra de Dios. La vida cristiana no se sostiene en emociones ni evidencias humanas; se sostiene en confiar en lo que Cristo ya hizo.
Débora no aparece buscando protagonismo. Ella recuerda al pueblo algo esencial: la victoria no viene del hombre… viene de Dios.
El enemigo parecía fuerte. Sísara tenía ejército, estrategia y armas. Pero Dios no necesitaba superioridad humana para traer victoria.
Dios derrota lo fuerte por medio de lo que parece débil. La Cruz parecía derrota. Un Salvador crucificado parecía debilidad. Pero allí Dios venció el pecado, la muerte y al enemigo.
Barac finalmente avanza. No porque todo tenga sentido. No porque las circunstancias cambien primero. Avanza porque Dios habló.
La fe bíblica no significa ausencia de miedo. Significa obedecer aun cuando hay miedo. No caminamos porque entendemos todo; caminamos porque confiamos en Cristo.
Débora le advierte a Barac que la gloria no será para él. ¿Por qué? Porque Dios no comparte Su gloria con el esfuerzo humano.
La salvación no es por fuerza humana. No es mérito. No es capacidad. Toda la gloria pertenece al Señor.
Tal vez Dios ya habló a tu corazón: un paso de obediencia, una decisión difícil o un llamado a confiar. Pero el temor te detiene y paraliza. Recuerda esto: la presencia, la promesa y la señal segura de la Cruz de Cristo vale más que cualquier garantía humana.
La Cruz nos recuerda que, si Dios ya dio a Su Hijo, también sostendrá nuestro camino.
Oremos:
“Padre de toda bondad, es real cuántas veces el temor me ha paralizado. Perdón por las tantas veces que no he confiado en tu Palabra y en tu voz. Dame tu gracia, y en mi debilidad seré fuerte y valiente. En Cristo Jesús, amén.”
Centro Familiar de Adoración
25/05/26
Tiempo Devocional


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