MI LUGAR PERFECTO

“Entonces el rey Ezequías y los príncipes dijeron a los levitas que alabasen a Jehová con las palabras de David y de Asaf vidente; y ellos alabaron con gran alegría, y se inclinaron y adoraron.” 2 Crónicas 29:30

Después de años de abandono espiritual, Ezequías comenzó una reforma. Primero fueron abiertas las puertas del templo, luego fue limpiado el santuario y finalmente el altar volvió a ocupar su lugar.

Cuando llegaron al altar, se ofrecieron sacrificios y la sangre fue aplicada. El propósito era hacer expiación por el pueblo. Y mientras comenzaba el sacrificio, también comenzaron el cántico y la adoración.

Y aquí la revelación: la verdadera adoración no puede separarse del sacrificio.

Pero aquellos sacrificios eran solamente una figura de algo infinitamente mayor. Hebreos nos enseña que la sangre de animales no podía quitar definitivamente el pecado. Todos aquellos sacrificios señalaban hacia Jesucristo, el Cordero de Dios, quien ofrecería un solo sacrificio perfecto y definitivo.

Por eso, no ponemos nuestra confianza en nuestros esfuerzos, nuestras obras, nuestra religión ni en nuestra propia capacidad para acercarnos a Dios. Nuestra confianza está en Cristo y en lo que Él hizo en la Cruz.

Ezequías restauró el altar y la adoración volvió a su lugar. Nosotros también debemos preguntarnos: ¿Es Jesús y Su sangre el centro de nuestra vida? Porque cuando la Cruz vuelve al centro, la adoración recupera su lugar.

No adoramos para conseguir que Dios nos acepte; adoramos porque ya en Cristo somos aceptos y Él ya pagó el precio de nuestra redención.

El capítulo termina diciendo que el pueblo se alegró porque Dios había obrado en ellos. La Cruz no solamente nos habla de sacrificio; nos habla de victoria, reconciliación, gozo inefable y acceso a Dios.

Hoy volvamos al altar. No al altar de sacrificios de animales, sino a la realidad que aquellos sacrificios anunciaban: “Jesucristo y Éste crucificado.”

“Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.” Hebreos 10:14

La adoración vuelve a ocupar su lugar cuando Cristo y la Cruz vuelven a ocupar el centro.

OREMOS

Padre amado y Dios de toda gracia, hoy me examino y veo cuánta necesidad tengo de correr a Tus brazos de amor y redención. Ayúdame a ser fiel y a mantener mi corazón siempre alineado con Tu Cruz, para que pueda ser un verdadero adorador. En el nombre de Jesús. Amén.

Centro Familiar de Adoración

28/08/2026

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