“Yo voy a morir; mas Dios ciertamente os visitará, y os hará subir de esta tierra… y haréis llevar de aquí mis huesos.”
Génesis 50:24-25
José está al final de su vida. El hombre que gobernó Egipto, que tuvo poder, honra y reconocimiento, ahora está a punto de morir. Y en ese momento, su declaración no habla de logros, ni de grandeza, ni de legado terrenal.
Habla de algo mucho más profundo: una convicción y una esperanza que van más allá de Egipto. José sabía que Egipto no era su hogar. Aunque vivió en abundancia allí, su corazón estaba en la promesa de Dios. Por eso dice: “No me dejen aquí”.
Egipto representa el sistema del mundo; no es el destino final del pueblo de Dios.
José vivió en Egipto, pero nunca perteneció a Egipto. Tenía todo en Egipto, pero no puso su esperanza allí.
Esto es lo que hace la obra de Cristo en nosotros: nos permite vivir en este mundo sin ser de este mundo. Nos bendice aquí, pero con la mirada en lo eterno.
José murió creyendo algo que aún no veía: “Dios los visitará”. Esa palabra “visitará” habla de intervención divina, de cumplimiento de promesa. Siglos después, Dios cumplió esa palabra cuando sacó a Israel de Egipto.
José no pidió un monumento; pidió ser parte del cumplimiento: “Lleven mis huesos”. Aun muerto, quería estar conectado con el propósito de Dios.
Jesús también murió, pero su historia no terminó en la tumba. La resurrección es la evidencia de que la muerte no es el final y que las promesas de Dios siguen vivas más allá de ella.
José murió con fe en la promesa. Nosotros hoy vivimos con la certeza de que, en Cristo, la promesa ya fue asegurada en la Cruz y confirmada en la resurrección.
¿Dónde está puesta tu esperanza? ¿En lo que tienes hoy o en lo que Dios ha prometido?
José nos enseña que puedes tener todo en la tierra y, aun así, vivir con los ojos puestos en lo eterno. La Cruz reordena nuestras prioridades: ya no vivimos solo para lo temporal; vivimos con una esperanza viva.
Oremos:
“Padre de toda bondad, permite que mis ojos esten puestos solo en Cristo, en lo eterno. Tus promesa caminan conmigo todo el tiempo y tu cuidado es evidente. A ti toda la gloria y la honra, en Cristo Jesús, amén”.
Centro Familiar de Adoración
28/04/26
Tiempo Devocional


Deja un comentario