“Estaba Eliseo enfermo de la enfermedad de que murió.”
2 Reyes 13:14
Después de recorrer junto a Eliseo y ver tantos milagros, llegamos a una escena diferente. El hombre que había visto multiplicarse el aceite, resucitar al hijo de la sunamita, sanar a Naamán y hacer flotar el hierro, ahora está enfermo.
Y esta vez no es sanado. Eliseo va a morir.
Esto nos enseña una gran verdad: la fe no nos promete que nunca lloraremos, enfermaremos o sufriremos. Pero la fe nos asegura que ni siquiera la muerte puede separar al creyente del propósito y de la presencia de Dios.
Cuando Joás, rey de Israel, llega a verlo, llora y exclama: “¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo!” Joás sabía que estaba perdiendo mucho más que a un profeta. Estaba perdiendo al hombre que durante años había representado la voz de Dios para Israel.
Pero Eliseo, aun estando enfermo, sigue pensando en la obra de Dios. Su preocupación no es solamente su muerte; está preocupado por Israel. Hasta el final, su corazón está ligado y comprometido con el propósito de Dios.
Eliseo podía morir porque la obra de Dios no dependía de que Eliseo viviera para siempre.
Los hombres de Dios mueren, los ministerios cambian, las generaciones pasan, pero la Palabra de Dios permanece. Y esto apunta directamente a Cristo.
Todos los profetas murieron: Moisés, David, Eliseo. Pero cuando llegamos a Jesús encontramos algo completamente diferente. Jesús murió en la Cruz, pero resucitó.
Por eso nuestra esperanza no descansa en un hombre que vive temporalmente. Descansa en un Salvador que: “habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.” Hebreos 1:3
Hay un detalle extraordinario al final del capítulo. Después de la muerte de Eliseo, unos israelitas estaban enterrando a un hombre. Pero, al ver una banda de moabitas, arrojaron el cadáver en el sepulcro de Eliseo. Cuando el muerto tocó los huesos de Eliseo: “revivió, y se levantó sobre sus pies.” 2 Reyes 13:21
¡Tremendo! Eliseo estaba muerto, pero Dios todavía estaba mostrando Su poder.
El milagro no significa que Eliseo tuviera poder sobrenatural en sus huesos. El poder era de Dios. La muerte de Su siervo no había limitado el poder de Dios. La muerte de Eliseo no significó el final de la obra de Dios.
El hombre que tocó los huesos de Eliseo volvió a vivir, pero posteriormente volvió a morir. Ese milagro fue temporal.
Nosotros esperamos algo mucho mayor. Cristo no vino simplemente a devolvernos unos años más de vida. Cristo vino a darnos vida eterna.
Jesús dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.” Juan 11:25
Esta es nuestra esperanza: no simplemente vivir más, sino vivir para siempre con Cristo.
Las palabras de Joás sobre Eliseo son impresionantes: “Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo.” Para Joás, Eliseo representaba la protección espiritual de Israel. Pero el verdadero “carro de Israel” no era Eliseo, era Dios en y con Eliseo.
El profeta era solamente un instrumento, y esta es una lección importante para nosotros: Nunca pongamos nuestra confianza definitiva en un hombre.
Podemos amar y honrar a nuestros pastores. Podemos agradecer a Dios por los hombres y mujeres que nos han enseñado. Podemos reconocer y valorar los ministerios que Dios ha levantado. Pero nuestra confianza descansa solo y exclusivamente en Cristo y en lo que Él hizo en la Cruz.
Eliseo murió y sus huesos fueron utilizados por Dios para realizar un milagro temporal. Pero Cristo murió, resucitó y vive para siempre. Y porque Él vive, nosotros viviremos con Él.
OREMOS
Padre amado y Dios de toda gracia, me asombra Tu poder. Gracias porque hoy sé que eres real y que nada está fuera de Tu tiempo y de Tus propósitos. Ayúdame a poner toda mi confianza en Cristo y en la obra perfecta que Él realizó en la Cruz. Gracias porque Jesús murió, pero resucitó; y porque Él vive, tengo esperanza de vida eterna. Dame esa vida abundante que has prometido y ayúdame a vivir cada día confiando solamente en Ti. En el nombre de Jesús. Amén.
Centro Familiar de Adoración
21/08/2026
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